11 de Marzo del 2016 (El Nuevo Día)
Yo ya perdí todas las
esperanzas
Esas tristes palabras me las
regaló un lector, hace unos días, al leer una de mis columnas sobre esa
esperanza que me niego a perder. Más bien sus palabras fueron: “Yo ya perdí
todas las esperanzas, he caído en la desesperación, depresión y miseria”. Luego
de leerlas pasé varios días sin saber qué contestar, creo que esas palabras
llegaron a lo profundo de mi alma y tocaron la fibra de mi desesperanza, del
dolor y coraje que también me embarga –a veces con mayor intensidad- al ver lo
que veo cada día en nuestro país.
En ese detenerme a pensar en
las palabras de mi querido lector, recordé los rostros de los muchos boricuas
que abordaron conmigo -en el vuelo de ida y el de regreso- hacia Orlando,
Florida hace unos días, mientras me dirigía a ofrecer un Taller por aquellas
tierras a un grupo de inmigrantes hispanos. Rostros tan distintos a los que
recuerdo en las visitas a “Disney” hace años, donde veía las sonrisas de oreja
a oreja y los bolsos cargados de “Mickeys”. Esta vez vi el rostro de la
diáspora, ese rostro que es reflejo de la separación de la familia y de las
raíces de un país que no ofrece esperanzas a su gente.
Esperanzas –de eso se trata lo
que nos estamos jugando- la esperanza de la gente, la esperanza colectiva. Lo
que hace que nos levantemos cada día a luchar por nuestros hijos, por vivir una
vida digna. Eso que nos permite ver la luz en las tinieblas y que nos da certezas de que sí podremos salir
adelante. Si eso no lo alimentamos, si la gente pierde la fuente que mueve a creer y crear, entonces sí que
corremos un peligroso rumbo como sociedad.
La recesión y la quiebra son
una realidad que tenemos que abordar –todos y todas- de frente y con valentía.
No podemos dejar que se vuelva desesperanza la inmoralidad descarada de quienes
siguen robando, aprovechándose, malgastando y acabando con lo poco que queda en
las finanzas del país. Son muchos los que dan ejemplo del espírutu de
reinvención y esfuerzo honesto de afrontar estos tiempos duros.
Por mi parte yo marcho con los
que marchan, aquí sigo y aquí me quiero quedar.
Me sumo a la energía de los grupos que van buscando nuevos horizontes.
Grupos como: Vamos, Cumbre Social, Agenda Ciudadana, Una Sola Voz, Echar
Pa’Lante, Juntos Por Puerto Rico, Coalición del Sector Privado, Casa Pueblo,
Sociedad Puertorriqueña de Planificación, Empresarios por Puerto Rico, la
Sociedad Para la Economía Solidaria y muchos otros grupos y personas que siguen
buscando respuestas.
No puedo perder la esperanza,
le respondí a mi querido lector, sigo encontrando buenas razones cada día para
no perderla y para ayudar a otros a alimentarla. Sigo apostando a las fuerzas y
capacidades de nuestra gente, con las que estoy segura lograremos salir
adelante.